En este artículo se quiere echar un vistazo práctico, sencillo y al grano sobre uno de los temas que más suelen interesar al pequeño y mediano empresario.

La planificación

Prácticamente casi ningún empresario es tan osado hoy día como para decir que planificar no sirve para nada (ya sea planificar el marketing, el propio negocio o la estrategia futura).

Pero lo cierto es que muchos lo piensan en secreto y por experiencia la enorme mayoría de emprendedores y profesionales tienen un serio escollo con este tema (y no es para menos), alrededor de la planificación hay una serie de malentendidos y mitos que se van perpetuando y desterrarlos para siempre es uno de los objetivos de este documento.

No hace demasiado un amigo, gerente de una delegación de empresa me comentaba la experiencia frustrante de sentarse con el plan de marketing. Puso todas sus ganas, siguieron un guión profesional y al final lo que obtuvo fue dejarlo por imposible, tras perder el tiempo y tener luego que aplicarse en las tareas atrasadas (que no se habían hecho a causa del intento de planificación). Resulta una historia bastante común, la verdad.

Hacer planes en la pyme es como una de esas relaciones amor – odio, eres consciente de que no puedes ir a salto de mata pero ponerse a hacer planes resulta una experiencia inútil.

Hay empresarios que por orgullo aprietan los dientes y terminan su plan (entendiendo terminar por haber “rellenado” todos los puntos del modelo que han usado), pero acaban con tal hartazgo que el plan queda “castigado” en el fondo de un cajón y nunca más se mira.

En este boletín el objetivo es dar una serie de claves prácticas para desterrar una serie de mitos dañinos sobre la planificación (que parece que tenemos poderosamente arraigados) y dar unas pautas que por experiencia han resultado útiles y sencillas a la hora de planificar.

“El plan tiene que ser largo y complejo para sea bueno”.

Esto es algo totalmente falso, pero uno suele tener la noción de que un plan de cien páginas, lleno de gráficos espectaculares, tablas y tapas caras es realmente un plan.

Pues la realidad es que nadie en su sano juicio se lee cien páginas de plan y menos tiene tiempo para acordarse de todo y aplicarlo.

Realidad. No hay premio por el número de páginas ni por lo espectacular de la maquetación.

De hecho cuanto más largo sea el plan, más tedioso va a resultar y se pierde enseguida la motivación, el objetivo principal, que era trazar un plan, se convierte en “acabar de rellenar esto cuanto antes, que hay mucho que hacer”.

Si entra en ese estado, muy probablemente su plan no le va a servir de nada, deje de hacerlo, así de simple, deje de hacerlo porque si se siente así seguro que sólo va a perder el tiempo y lo acabará aborreciendo tanto que nunca lo utilizará, así que mejor aprovechar y dedicarse a otras cosas.

“El plan debe seguir un modelo concreto para ser efectivo”

Otro mito para darle la patada.

Si uno consulta libros sobre el tema o navega por Internet buscando un guión para su plan de marketing (o de empresa o lo que sea) verá infinidad de modelos y tipos.

La pregunta que surge enseguida es, ¿cuál es el correcto? ¿Cuál será el más efectivo?

Lo más efectivo es olvidarse del “modelo perfecto” y comprender cómo se planifica estratégicamente (algo que vamos a ver aquí).

La clave es entender para qué se hace y cómo se hace un plan estratégico, algo que es muy sencillo en realidad, pero nos encanta complicarlo.

Uno realiza un plan porque, aunque sea instintivamente, sabe que es mejor recorrer una distancia conociendo el camino, previendo lo que pueda pasar y eligiendo la mejor ruta, que hacerlo a ciegas y confiando en que no nos pase nada.

Es algo natural al ser humano, cuando nos proponemos hacer algo, ya sea la cena o un viaje, planificamos instintivamente.

La cuestión es saber cuáles son los elementos clave que hay que tener en cuenta en una planificación y trabajar en ellos de manera óptima. Si eso lo tenemos no seremos esclavos de un “modelo de plan”.

Pensemos en esto. Planificando nuestras vacaciones solemos ser unos “hachas”. Encontramos buenas ofertas, sabemos de antemano los caminos a tomar, estamos preparados para los imprevistos que puedan surgir…

Eso es planificar eficientemente y en esencia el proceso es el mismo para el plan de negocio que para el viaje al Caribe.

Cómo planificar eficientemente

 Para un plan eficiente precisamos:

  1. Conocer claramente lo que nos proponemos conseguir. Es decir, tener unos objetivos claros.
  2. Analizar la situación. Lo que supone analizarnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea. (Si el análisis mostrara que nuestros objetivos no son adecuados habrá que retocarlos).
  3. Ver qué medios de conseguir los objetivos tenemos a nuestro alcance. Estos medios pueden ser maneras de actuar, caminos a seguir, medios de promoción a utilizar… es decir, las opciones que tenemos para llegar hasta el objetivo. La mayoría de veces muchas no serán aparentes y habrá que idearlas o esforzarse por conocerlas.
  4. Elegir los medios más óptimos según las conclusiones del análisis.
  5. Ponernos en acción.
  6. Ver los resultados y modificar la forma de actuar si es necesario.

Ese esquema es planificar (y actuar) estratégicamente, un proceso natural que consiste en saber claramente qué queremos conseguir, ver cómo están las cosas y elegir el mejor camino de entre los que tenemos a nuestra disposición.

Quien planifica correctamente suele ser alguien que se preocupa de trabajar cada punto y aprender cómo hacerlo correctamente.

 O lo que es lo mismo, es un emprendedor que se preocupa de:

  1. Saber cómo establecer objetivos útiles, realistas y motivadores.
  2. Mirar lo que le rodea (y a sí mismos) con un ojo crítico e imparcial, sabiendo en qué son fuertes o débiles y qué resulta una amenaza o un posible aliado. Es incontable el número de empresas que s
    e ciegan, creyendo que su producto es excelente, cuando no lo es, o subestimando que la competencia también hace sus planes y reacciona.
  3. Crear ideas nuevas, modos de actuar eficaces, se fijan en cómo lo hacen los líderes y mejoran cada día su forma de hacer las cosas (ya sea su promoción o su producto). Así cuando haya que ver qué medios tienen a su alcance para conseguir objetivos, la respuesta no sea quedarse en blanco sino muchas y buenas opciones.
  4. Estar orientado a la acción. Son las acciones y no las páginas del plan las que van a darnos a los clientes, así que elegimos, o nos movemos ya o no tenemos nada.
  5. Reacciona ante las dificultades. Los imprevistos (que surgen siempre) pueden detenernos o hacernos más fuertes, el emprendedor estratégico suele tener pensado un “plan B” o bien reaccionar de manera tajante (incluso con gusto) ante las dificultades, porque las ve como un reto a superar y no como un “castigo divino”.

¿Cuál es la mejor manera de planificar y actuar estratégicamente?

Probablemente es convertirse en un emprendedor que cumpla esos cinco puntos, porque así planificar será algo natural y no una especie de examen de instituto, en el que hay que rellenar una serie de preguntas y luego olvidarse para siempre. Por desgracia la realidad más común en eso de los planes.

Fuente: Recursos para Pymes


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